El bocadillo: santo y seña de la
comida rápida española. Dos trozos de pan que soportan y tapan un alimento X.
Sencillo, conciso, claro y si no quieres darle muchas vueltas, lo más barato
del mundo.
Yo, por suerte y debido a los
años que tengo, he sido niño de bocata para merendar todas las tardes. Salías
de clase por la tarde a las 17:00 h. llegabas a casa, veías Barrio Sésamo y
mientras te comías tu bocadillo: de chorizo Revilla, de chorizo pamplonés,
salami, jamón con tomate, salchichón con mantequilla, jamón de york con queso,
nocilla, queso manchego, foiegras APIS, atún con tomate, etc. Y esto se fue
extendiendo, tanto en el tiempo como en el tamaño del pan que me metía entre
pecho y espalda.
Con la edad, me fui haciendo más
o menos fiel a unos bocadillos que a otros. A veces era casi obsesión y todos
los días merendaba lo mismo. Tuve una larga temporada en la que me hacía el
bocata con fiambre de surimi de cangrejo, tomate, lechuga, mahonesa y
cebolleta. Un día si y otro también. Y un día, y otro, y otro. Mi hermano me
decía que un día me iba a dar un jamacuco por comer siempre lo mismo. Y me dio,
vaya si me dio. Un entripado monumental con vómito incluido que me hizo
aborrecer el cangrejo durante años!!
Con el paso del tiempo, he ido
dando paso a los bocatas "gourmet". Con estos bocatas tengo un
pequeño problema: lo diseño con antelación, con mucha antelación. Es decir, me
estoy comiendo uno y ya se de lo que me lo voy a preparar al día siguiente. Y
durante ese duro intervalo de espera, no puedo dejar de pensar en el. Me veo a
mi mismo cortando el pan crujiente, quitándole el exceso de miga. Corto el
queso brie, que será vilmente fundido sin piedad por el calor del horno. Jamón
serrano bien jugoso, que coloco de manera "descolocada" sobre el pan.
El tomate, fresco y lozano, cortado en rodajas finas. La lechuga, sin el
troncho blanco, solo lo verde, bien lavada y escurrida. Alguna cremosa salsita
como mahonesa, alioli, miel y mostaza...la que me de la gana ese día, vaya.
Y claro, estoy todo el día con el
bocadillo en la cabeza, babeando y pensando en el momento en el que lo voy a
tener en mis manos, todo crujiente, cálido...y llega el momento de irme a la
cocina a prepararlo, y comienzo mi ritual de sacar la tabla para partir el
tomate, elegir un buen cuchillo que no me lo chafe porque no corta bien, le
retiro la grasa al jamón, preparo el plato, la servilleta...total, que me tiro
10 minutos en hacer el puto bocadillo para comérmelo en cinco minutos, porque
llevo un hambre atroz.
Cuidado, que a veces el bocadillo
más simple y vulgar del mundo es el mejor: dame un bocata de mortadela recién
comprada y me haces el tío más feliz del mundo. O ese bocadillo que te llevas
al futbol cuando el partido se juega en horario vespertino: acaba el primer
tiempo, jugadores a vestuarios, te levantas, te estiras un poquito y sacas el
bocata. Abres tu lata de Coca Cola o similar y abres el albal que envuelve esa
joya de la gastronomía: los agarras firmemente por la mitad y con la otra mano,
parece que te marcas y aplastas un poquito la parte que vas a morder....y
entonces comienzo el orgasmo de sabor, da igual quien sea la otra parte
contratante: filete de lomo, pechuga de pollo, jamón, lomo embuchado, atún o
tortilla de vayaustedasaberque...es un momento gozoso para niños y mayores y me
resulta raro que alguien pueda decir que no le gusta un bocadillo.
El bocadillo se prepara con la
mano porque se come con la mano. Cuando estaba en la universidad, vivía en una
residencia de estudiantes. En el desayuno nos ponían diversos fiambres
rotatorios semanalmente para hacernos bocadillos. Me hacía mucha gracia ver
como algunos se las daban de finolis y se cogían las lonchas de salchichón con
el cuchillo para colocarlas en el pan...las lonchas de su propio plato, las
cuatro o cinco que había seleccionado previamente!! Lo mejor de todo es que los
que hacían esto eran algunos de lo más burros de toda la residencia, con pocos
modales o ninguno si me apuráis. Se las querían dar de finolis con el
salchichón y luego eran capaces de lamer el plato de lentejas si tuvieran la
ocasión (y mira que estaban malas, coño!!).
Soy feliz comiéndome un bocata y
probando las especialidades típicas de los diferentes sitios que visito. Aunque
algunos piensen que no, una hamburguesa es un bocadillo con todas las de la
ley. En Chicago me comí la mejor que he probado, envuelta en papel de aluminio,
con un pegote de carne de buey aplastada de un puñetazo, con mil guarrerías
dentro, pero estaba de muerte!!! Y en Chicago probé un hot-dog muy original, el
conocido como "Chicago style hot-dog": no se le pone ketchup, es un
sacrilegio; es un pan con semillas de amapola y lleva la salchicha de viena,
mostaza, pepinillos, tomate natural, relish (pimiento verde encurtido y dulce)
y unas guindillas tan grandes como mi cabeza que no me atreví ni a probar.
Delicioso.
(Comida basura americana, de la buena de verdad. Esta cojonuda, no lo voy a negar!!)
Viva el bocadillo. Ahora mi
preferido es el de atún con tomate, lechuga y un poquito de mahonesa...me muero
de gusto cuando me lo como, en pan de molde o pan normal, y cuando le termino,
con pena, ya estoy pensando en cuando me comeré el próximo....